El Ayuntamiento de Alhama de Murcia ha anunciado a la pregonera de las Fiestas Patronales 2026, que será Fina Muñoz Romera, conocida como la Gonzala, reconocida alhameña por su carácter creativo, alegre y participativo, así como por su estrecha vinculación con las tradiciones, la cultura popular y la vida festiva del municipio.
El acto de presentación ha tenido lugar en el salón de plenos del Ayuntamiento, presidido por la alcaldesa, Rosa Sánchez, acompañada por el concejal de Festejos, Antonio García, miembros de la comisión de pregoneros, representantes de la peña El Cocotazo, familiares y amigos.
La comisión de pregoneros de este año 2026 ha estado formada por José María Cánovas Vera; Pepa Aledo; Juan José Robles y Pepi García, junto al concejal de Festejos y tres miembros de la peña El Cocotazo.
Durante el acto también se ha recordado con especial cariño a José Antonio López, quien en 1987 fue el primero en subir al balcón para dar la bienvenida al pregón y el chupinazo, y a Pepe Fuertes Hernández, pregonero de las Fiestas Patronales en 2014. Ambos dejaron una profunda huella por su cercanía, sencillez y amor por Alhama, sus tradiciones y sus gentes.
El grupo acordó por unanimidad que la pregonera de este año fuese Fina Muñoz Romera, destacando “su carácter trabajador, generoso y alegre, su implicación en la creación de la ermita de la Virgen de la Candelaria, su participación constante en la vida cultural y festiva de Alhama y su capacidad para mantener vivas nuestras tradiciones a través de la música, los Mayos, el carnaval y la Feria”.
El esperado pregón y chupinazo tendrá lugar el sábado 3 de octubre en la plaza de la Constitución, marcando el inicio oficial de unos días de convivencia, música, tradición y alegría que volverán a reunir a vecinos y visitantes en torno a las celebraciones patronales.
Semblanza 2026:
Conocida como la Gonzala, hija de Gonzalo y Josefa, creció en una casa llena de música, alegría y fiesta.
De niña, la escuela no se le daba bien y no es que se la pudiera llamar rebelde, pero sí algo traviesa. Como en muchas familias del pueblo, la falta de oportunidades era patente y, a los 14 años, se marchó a Francia a trabajar para ayudar en la economía familiar. Con su madre Josefa o por separado, su mayor escuela fue el trabajo. Aquí y allí, en una cosa u otra, era un no parar. Mientras trabajaba, Fina mantenía latente la vena de la creatividad, el entretenimiento y la alegría. La época no era la mejor para la diversión, pero los jóvenes organizaban convivencias y excursiones en el paraje del Collao con el cura don Cristóbal.
El caso es que Josefa, la madre de Fina, echaba en falta que allí hubiese algo y pensó que había que hacer algo. La romería de la Virgen de la Candelaria llegaba hasta el paraje del Collao, pero, igual que iba, volvía a la iglesia y allí permanecía hasta el año siguiente. La idea estaba plantada: ese algo que echaba en falta la madre de Fina era una ermita para la Virgen de la Candelaria, donde pudiera rendírsele culto y, al mismo tiempo, continuar con la convivencia y el entretenimiento.
La iniciativa se materializó gracias al empeño, al trabajo, a las donaciones y a las numerosas puertas de los vecinos a las que llamaron para pedir su colaboración. Fina participó activamente desde el primer momento y lo que, en un principio, eran piedras y lagartijas terminó transformándose en una ermita y en un paraje más amable. Como ocurre con todas las cosas, la imagen del Collao no era entonces la que conocemos hoy, pero así son los comienzos.
Una vez construida la ermita, intentaron que la Virgen de la Candelaria de la iglesia de San Lázaro subiera a su nueva casa, pero con la Iglesia toparon y la imagen no salió de allí. La solución fue encargar una nueva talla, sufragada, como siempre, gracias a la colaboración de los vecinos. Cuando llegó la nueva imagen, digamos que no era todo lo guapa que uno podía imaginar, pero unos pequeños arreglos consiguieron que quedara espectacular.
La Candelaria no pertenece a unos ni a otros, sencillamente es del pueblo, de todos. Cada persona contribuyó con aquello que pudo y, si bien es cierto que con el tiempo quedó constituida la Hermandad de la Virgen de la Candelaria, sus integrantes no son sus dueños, sino sus cuidadores: personas que procuran que no falte nada y que todo esté dispuesto para el disfrute de todos por igual, al tiempo que hacen más grande y llevan más lejos esta manifestación religiosa, festiva y de convivencia.
Fina representa una vida dedicada al trabajo y, al mismo tiempo, ha mantenido intactas su creatividad y su particular manera de expresar ese sentimiento. Los Mayos y el carnaval fueron el principio, para después dar el salto a la Feria de Alhama mediante su participación en el desfile de carrozas.
A comienzos de los años 80, junto con Simón el Jardinero, participó en el que sería el primero de muchos desfiles. Una sencilla plataforma y dos palmeras sirvieron para poner en marcha la peña El Ladrillo. El nombre surgió por la ebullición de las construcciones: por todos lados podían verse ladrillos y, de esta manera, quedó constituida la peña.
Para mantenerla económicamente, porque las peñas no viven solo del aire, sus integrantes montaron su propio chiringuito, que instalaban en el recinto ferial, en La Concepción e incluso en Los Cantareros. Sin embargo, como ocurre en la vida, algunas etapas llegan a su fin y la trayectoria de El Ladrillo terminó.
Fina es una mujer polifacética, generosa, echada para adelante, trabajadora, alegre y participativa. Y, lo mejor de todo, continúa desarrollando su faceta creativa. Participa en la música de mayores y en el grupo de Los Auroros, vinculado a la música tradicional y devota. También forma parte de Las Chicas del Poyetón, una chirigota para el disfrute de pequeños y mayores.
La diversidad resulta imprescindible en las diferentes expresiones culturales y ahí está la Gonzala para poner en marcha la máquina de las ideas. Seguro que tiene preparada alguna sorpresa no muy lejana en el tiempo, porque es un no parar. Tal vez escriba un libro, componga canciones, las cante, haga poemas o teatro. La puerta permanece abierta a todo aquello relacionado con la creatividad y con su aportación al pueblo.
Mientras todo eso puede llegar a buen término, ahí está la Virgen de la Candelaria en el Collao, donde los lunes se reza el rosario y continúan organizándose excursiones de pequeños y mayores. Es un lugar donde hay vida, que crece cada año y adquiere mayor presencia. Y la Gonzala va donde la llaman, participa y llena cada espacio con su alegría porque, como dice la canción:
Olvídate de negros sinsabores
y viste tu bandera de colores,
pues yo, quieras o no, soy una feria,
soy una feria, soy una feria, soy una feria.
