Ayuntamiento de Alhama de Murcia

Espa�oles en Mauthausen: Alhama recuerda a las v�ctimas de los campos de concentraci�n nazis

10/05/2018

El s�bado 19 de mayo a las 19:30, la casa de la cultura de Alhama acoge la conferencia y exposici�n 'Mauthausen. El fot�grafo del horror', a cargo del historiador Benito Bermejo. En el acto intervendr�n Fuensanta Escudero, historiadora e investigadora de los murcianos en Mauthausen, y V�ctor Pe�alver, historiador.�

Se podr� visitar hasta el 3 de junio.

El domingo 20 de mayo en el jard�n de Los M�rtires a las 12:45 tendr� lugar la inauguraci�n del monumento a los alhame�os v�ctimas de los campos de concentraci�n nazis, con la actuaci�n de la Agrupaci�n Musical de Alhama de Murcia.

Campo de concentraci�n de Mauthausen-Gusen*

Fueron un grupo de campos de concentraci�n nazis situados en torno a la peque�a localidad de Mauthausen en Austria, aproximadamente a 20 km de Linz.

Inicialmente hab�a un solo campo en Mauthausen, pero con el tiempo se expandi� hasta convertirse en uno de los complejos de campos de concentraci�n m�s grandes de la zona nazi de Europa.​ Aparte de los cuatro subcampos principales en Mauthausen y la cercana Gusen, m�s de 50 subcampos, localizados por toda Austria y el sur de Alemania, utilizaron a los ocupantes como esclavos. Algunos campos subordinados al complejo de Mauthausen inclu�an f�bricas de munici�n, minas, f�bricas de armamento y plantas de ensamblaje del avi�n Me 262.

En enero de 1945, los campos, dirigidos desde la oficina central en Mauthausen, conten�an unos 85.000 prisioneros.​ Se desconoce el n�mero de v�ctimas, aunque la mayor�a de las fuentes las cifran entre 122.766 y 320.000 en todo el complejo. Los campos formaron uno de los primeros campos de concentraci�n masivos en la Alemania nazi, y fueron los �ltimos en ser liberados por los Aliados Occidentales o la Uni�n Sovi�tica. Los dos campos principales, Mauthausen y Gusen I, fueron los dos �nicos campos de toda Europa etiquetados como campos de "Grado III", lo que significaba que eran los campos m�s duros para los "Enemigos Pol�ticos Incorregibles del Reich".​ A diferencia de muchos otros campos de concentraci�n, que eran para todo tipo de prisioneros, Mauthausen fue utilizado principalmente para tareas de exterminio de la intelligentsia, gente ilustrada y miembros de las clases sociales altas de pa�ses subyugados por Alemania durante la Segunda Guerra Mundial.

En agosto de 1940 llegaron al campo de concentraci�n, en vagones de carga, la primera tanda de los 7.300 inscritos en el campo hasta 1945. Estos espa�oles proced�an de la Francia ocupada: El primer convoy que lleg� este mes, proced�a del Stalag VII A (Moosburg) y lleg� el 6 de agosto con 392 prisioneros espa�oles. El segundo convoy en llegar lo hizo el 9 de agosto procedente del Stalag I B (Hohenstein) con 168 prisioneros espa�oles. El tercer convoy lleg� el 13 de agosto procedente del Stalag IX A (Ziegenhain) con 91 presos espa�oles. El cuarto convoy en llegar este mes, lleg� con 430 prisioneros el 24 de agosto procedente del Frontstalag 184, concretamente del campo de Les Alliers (Angulema) y pertenec�an a la expedici�n conocida como Convoy de los 927.11​ El quinto y �ltimo convoy del mes de agosto fue el que lleg� el d�a 30 procedente del Stalag II B (Hammerstein) con 22 prisioneros.

Formaban parte del medio mill�n de republicanos que cruzaron la frontera en los �ltimos meses de la guerra civil, tras la ca�da de Catalu�a. En Francia, fueron internados en campos de concentraci�n distribuidos por el sur de pa�s: el Campo de Argel�s-sur-Mer, el Campo de Le Vernet d'Ari�ge, Barcar�s y Septfonds. Al inicio de la Segunda Guerra Mundial, muchos de ellos fueron enviados al frente con uniforme franc�s �en las filas de la Legi�n Extranjera o en escuadrones de choque�, o integrados en Compa��as de Trabajadores Extranjeros. La mayor parte de �stos acabaron capturados por los alemanes en los primeros momentos de la invasi�n de Francia (mayo�junio de 1940). Tras un paso por los campos de prisioneros de guerra (Stalags) fueron enviados a Mauthausen, donde integraron el grueso del contingente espa�ol.

Requerido por las autoridades alemanas para determinar el destino de los prisioneros, el Gobierno de Francisco Franco replic� que no exist�an espa�oles allende las fronteras; de ah� que los republicanos de Mauthausen llevaran el tri�ngulo azul de los ap�tridas, con una S �de Spanier� en el centro.

En una segunda fase (despu�s de 1943) los republicanos espa�oles que llegaban a Mauthausen eran personas detenidas por su actividad en la resistencia francesa. En total, alrededor de 35.000 espa�oles participaron en la guerra mundial junto a los aliados: cerca de 10.000 acabaron en los campos de concentraci�n alemanes.

Mauthausen pronto comenz� a ser conocido entre los deportados como �El campo de los espa�oles�. Aunque los primeros barracones se remontan a 1938, fueron alba�iles espa�oles quienes construyeron Mauthausen. De ah� que un superviviente franc�s haya llegado a afirmar que �cada piedra de Mauthausen representa la vida de un espa�ol�. La mayor�a de los espa�oles lleg� al campo a partir del Armisticio franc�s, entre la segunda mitad de 1940 y el a�o 1941. Muchos fallecieron entre 1941 y 1942; por ejemplo, en septiembre y octubre de 1941 una gran parte de los muertos de Gusen �un Kommando o campo auxiliar destinado al exterminio de los presos m�s d�biles� fueron espa�oles.

El eje de la vida en Mauthausen era la cantera de granito, en la cual trabajaban los prisioneros hasta su muerte por extenuaci�n. Una escalera de 186 pelda�os separaba la cantera de los barracones. Los deportados deb�an subirla diez o doce veces por d�a, cargados con grandes piedras a la espalda, mientras los kapos �prisioneros que ejerc�an como capataces y normalmente polacos� les empujaban, zancadilleaban y golpeaban con bastones. Cuando falleci� el primer espa�ol, el 26 de agosto de 1940, sus compatriotas, ante la sorpresa de los verdugos, guardaron un minuto de silencio, situaci�n que se repetir�a en numerosas ocasiones. Con el paso del tiempo, algunos espa�oles pasaron a desempe�ar trabajos especializados: alba�iles, peluqueros, administrativos, sastres, int�rpretes o fot�grafos, pues ten�an m�s posibilidades de sobrevivir que los trabajadores de la cantera. Tambi�n pod�an acceder a m�s informaci�n y disponer de m�s autonom�a para sostener la organizaci�n clandestina republicana que funcionaba desde mediados de 1941.

La labor de la organizaci�n espa�ola fue crucial, porque cuando en 1942 comenzaron a llegar deportados procedentes de la resistencia francesa y del frente ruso, los espa�oles eran los veteranos del campo, expertos estrategas en la lucha por la supervivencia, dispuestos a transmitir sus conocimientos a los reci�n llegados. Por otra parte, al desempe�ar diversas actividades en la gesti�n de Mauthausen, pod�an ayudar a otros prisioneros. Los espa�oles que cuidaban la sala de duchas �por poner uno entre otros muchos ejemplos� salvaron la vida a m�s de un compa�ero cuando los nazis llevaron a cabo all� ejecuciones masivas mediante la inmersi�n de grupos de prisioneros durante horas y horas en naves repletas de agua helada hasta la altura de la cintura. La organizaci�n clandestina espa�ola, adem�s, repart�a medicinas robadas de la enfermer�a y redistribu�a la escasa comida que llegaba a los presos, con el fin de asignar m�s alimentos a los d�biles y enfermos.

Sin embargo, el recuerdo m�s vivo en la memoria de los supervivientes de otros pa�ses, sobre todo de los franceses, al hablar del Campo de Mauthausen, es la fe espa�ola en la derrota del nazismo, incluso en los peores momentos de la guerra. Quiz� porque los republicanos espa�oles llevaban luchando contra la Alemania nazi y sus socios desde el inicio de la Guerra Civil Espa�ola, en 1936. �Una victoria m�s�, explic� en una ocasi�n un superviviente franc�s, era la frase que pronunciaban los presos espa�oles cada vez que llegaban al �ltimo de los 186 pelda�os de la escalera de la cantera. Convencidos de la victoria aliada, los republicanos decidieron conservar pruebas de la barbarie, para el posterior juicio a los verdugos. As�, por ejemplo, Francisco Boix, fot�grafo del campo, hizo copia de todas las fotos que pasaron por sus manos y logr� esconderlas hasta el final de la guerra. Gracias a ellas, Boix pudo probar durante los juicios de N�remberg la presencia de los jerarcas Albert Speer y Ernst Kaltenbrunner en Mauthausen y demoler as� su alegato de que desconoc�an los campos de exterminio.

Cuando el Ej�rcito norteamericano entr� en Mauthausen, el 5 de mayo de 1945, banderas republicanas hab�an sustituido a las banderas nazis y la puerta del campo estaba cubierta por una gran pancarta en la que se pod�a leer: �Los espa�oles antifascistas saludan a las fuerzas libertadoras�. La liberaci�n del campo, sin embargo, no signific� para los republicanos el final de la guerra comenzada en 1936. Muchos no pudieron volver a la Espa�a del franquismo, aliada ideol�gica de los nazis que hab�an combatido en Mauthausen, y habr�an de encontrar asilo en otros pa�ses, sobre todo en Francia.

El 9 de mayo de 2010, coincidiendo con el D�a de Europa, la Vicepresidenta primera del Gobierno de Espa�a, Mar�a Teresa Fern�ndez de la Vega, acudi� a los campos de Mauthausen a la conmemoraci�n del 65� aniversario de la liberaci�n de los mismos. En aquella ocasi�n la Vicepresidenta se�al� que las v�ctimas del nazismo, que las v�ctimas del fascismo, que las v�ctimas del franquismo, no ser�n v�ctimas del olvido y celebr� la memoria de los republicanos espa�oles muertos en Mauthausen como precursores de la Europa de los derechos en la que hoy vivimos.

*Wikipedia

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